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Antes de adentrarnos en el mundo de la música de Halloween, repasemos las circunstancias que dieron origen a esta festividad y a sus elementos, para que nuestros lectores comprendan cómo y qué influyó en este género musical. Los orígenes de Halloween se remontan al antiguo festival celta de Samhain. Según los celtas, la noche anterior al nuevo año de la cosecha, los mundos de los muertos y los vivos dejaban de estar claramente separados: ambos se entremezclaban y se creía que, la noche del 31, las almas de los difuntos regresaban a la Tierra. Además de dañar los cultivos recién sembrados y atormentar a los vivos, los celtas creían que la presencia de los muertos permitía a los sacerdotes predecir el futuro, especialmente de cara al largo y frío invierno.

Para conmemorar estos acontecimientos, el clan se disfrazaba de fantasmas y encendía hogueras a cuyo alrededor se reunía para quemar cosechas y sacrificar animales a las deidades. Tras concluir la celebración, los celtas volvían a encender la hoguera para elevar plegarias al Todopoderoso y pedirle que los protegiera durante el invierno que se avecinaba. Por tanto, teniendo en cuenta el propósito y la historia de Halloween, la música busca preservar el auténtico espíritu de la celebración y transmitir sus características ancestrales. No obstante, la Iglesia cristiana impuso diversas prohibiciones tanto a Halloween como a su música; aunque estas estrictas normas se establecieron hace siglos, los países occidentales siguen acatándolas incluso hoy.
Donde todo empezó
Según los preceptos de la Iglesia, los compositores de música de Halloween solo podían utilizar intervalos «sagrados» o «puros», como las quintas justas y las octavas. Las melodías debían armonizar entre sí, y cualquier elemento que sonara fuera de lo común o inquietante quedaba totalmente descartado. De todos ellos, hubo un intervalo en particular cuyos rasgos perturbadores provocaron la ira de la Iglesia y acabaron llevando a su prohibición: el tritono. Este producía un sonido estridente y desagradable al oído, por lo que más tarde pasó a conocerse como «el intervalo del diablo».

Estas leyes de la Iglesia, como se mencionó anteriormente, imperaron con gran fuerza durante mucho tiempo; sin embargo, las características de esta forma tradicional comenzaron a cambiar hacia el siglo XX. Un género que solía asociarse con los espíritus malignos de Halloween y que cobró protagonismo por evocar connotaciones afines al propósito de la festividad fue el blues. Innumerables elementos del blues lo hicieron popular entre el público; entre ellos, la incorporación de letras sexuales y profanas, una representación fiel del diablo y temas melancólicos basados en las adversidades que sufrían las víctimas de la discriminación racial y la opresión. Entre las canciones famosas que causaron mayor sensación se encontraban «Me and the Devil Blues» y «Cross Road Blues», que sentaron unas bases sólidas para que la música de este género prosperara en las generaciones futuras. La razón fundamental por la que el blues ha ganado tanta popularidad con el tiempo es su concepción en torno a los elementos propios de la auténtica música de Halloween. Reúne todos los temas «impíos» y, gracias a su tema de culto «I Put a Spell on You», fue aclamado como «la música del diablo».
Música de Halloween de mediados de los 90
Además, las décadas de 1950 y 1960 fueron el epicentro de la música espeluznante de Halloween en Estados Unidos; prácticamente todas las bandas que actuaban ante el público o tenían algunas canciones publicadas a su nombre habían compuesto un tema de Halloween, por lo que estos representaban una parte considerable de toda la colección. Las canciones de Halloween más famosas del siglo pasado son «Frankenstein’s Den», «Mummy’s Ball» y «Monster Mash». La autenticidad de estas canciones radica en que incorporan los elementos musicales de tal manera que resulta casi imposible distinguir los rasgos propios de Halloween de sus equivalentes.

Todas estas bandas tomaron la iniciativa de lanzar estas canciones de Halloween para satisfacer la demanda popular, con la esperanza de que les consiguieran alguna que otra actuación en la radio o sobre el escenario. Los sonidos doo-wop buscaban agradar al público desde un punto de vista objetivo, mientras que las letras estaban pensadas para escucharse con todo detalle en los programas de radio.
Unas décadas después…
Con la llegada de los años 70, 80 y 90, la música de Halloween se volvió más elaborada y se dividió en subgéneros que, aunque compartían un mismo tema, sonaban y se percibían de forma distinta. Esta etapa fue, sin duda, la gran abanderada del pop y el hard rock, y la música de Halloween debía estar a su altura. Por eso, los temas oscuros y siniestros se integraron a la perfección en estas tendencias, dando lugar a algunos de los grandes clásicos de todos los tiempos. Desde gigantes como Rolling Stones y AC/DC, todas las bandas y discográficas se aseguraron de crear algún éxito de Halloween. Desde “Sympathy for the Devil” hasta “Highway to Hell”, todas estas canciones perseguían un mismo objetivo: evocar el espíritu de Halloween y animar al público al mismo tiempo. También incorporaban diversos elementos del blues y coincidían en muchos aspectos, más allá de las notas y las progresiones de acordes.

El último movimiento
Curiosamente, la responsabilidad de crear música de Halloween no recayó únicamente en las bandas; las películas que se rodaron durante las décadas de 1970 y 1980 también aportaron su granito de arena. Filmes de terror como «El exorcista», «Halloween» y «El resplandor» dejaron huella en la música de Halloween con sus peculiares composiciones creadas con sintetizadores. Las películas de terror y ciencia ficción, en particular, emplearon dos instrumentos únicos y nunca vistos hasta entonces: el theremín y las ondas Martenot. Ambos desempeñaron un papel fundamental en la evolución de la música de Halloween, dotándola de una complejidad largamente esperada y de tonos inusuales. Así nació, en esencia, la música moderna de Halloween, y de este proceso surgió la tendencia general a asociarla con los sintetizadores analógicos.


