«La vida sería un lento desangrarse hasta morir si no fuera por la poesía».
A juzgar por las apariencias, la música parece un asunto tremendamente serio que exige una reflexión minuciosa y profundos conocimientos musicales. Aunque no podemos negar del todo esta idea, lo esencial es que la música busca abordar cuestiones fundamentales y despertar emociones arraigadas tanto en nuestro consciente como en nuestro subconsciente. Si bien en un principio se consideraba el único medio de comunicación, cuando las personas aún no habían desarrollado la facultad del lenguaje, su carácter e influencia cambiaron con el tiempo. A medida que evolucionó hacia formas contemporáneas, los compositores comenzaron a incorporar pinceladas de humor ingenioso y sátira para superar sus limitaciones convencionales y entretener al público de las maneras más entrañables.
Es evidente que la música puede alterar nuestros sentidos en cuanto llega a nuestros oídos y despertar en nosotros una sensación que, lejos de ajustarse a lo habitual, abre las puertas a un sinfín de maravillas. Cuando las palabras no bastan para expresar nuestras pasiones y sentimientos, la música toma el relevo; la plenitud que nos brinda acorta la enorme distancia física entre nosotros y el mundo que nos rodea. Volviendo al tema que nos ocupa, es decir, la música como una forma de arte entretenida y humorística, resulta inevitable pensar en los trovadores o bufones de la corte, cuya única responsabilidad era divertir al público con su música, juegos de palabras, trucos y alegres bailes. Sin embargo, como ya hemos mencionado, la música ha evolucionado mucho desde sus orígenes y, hoy en día, requiere algunos elementos adicionales, más allá de los fundamentos, para crear una pieza que combine comedia y entretenimiento.
El humor, muy presente en la ópera y la música clásica
Para quienes no lo sepan, durante el siglo XVIII la ópera se dividía en dos categorías principales: la ópera seria y la ópera cómica. Sin embargo, conviene aclarar que «ópera cómica» no implicaba necesariamente humor, sino que se orientaba hacia un final feliz y armonioso. Esta característica recuerda a una comedia teatral en la que, sin importar el rumbo que tome la trama, al final todos los personajes se reúnen en armonía, dando comienzo a un «felices para siempre». Además, la ópera seria no se limitaba por completo a temas solemnes; algunas obras incluían unos minutos de «alivio cómico». Italia fue el primer país en trazar una línea clara entre ambos géneros, una distinción que más tarde adoptaron Francia, Austria y buena parte de Europa.

Asimismo, la música clásica también contribuye a generar humor y entretenimiento entre sus oyentes. Algunas obras de este género combinan con maestría el humor negro y la parodia con un ingenio desenfadado. Como sus propias denominaciones indican, estas categorías se definieron con dos propósitos distintos y, curiosamente, también diferían en su tratamiento. Los acordes, las melodías, el ritmo, la armonía y todos los demás componentes musicales también se distinguían entre sí, y eran precisamente estos detalles los que determinaban su impacto en los oyentes.
Adaptar la música como tema de comedia
Otro aspecto interesante que conviene destacar es que, en ocasiones, ciertos géneros musicales sirven de vía para que los humoristas los incorporen a sus parodias. Esta posibilidad nace de su solemnidad, especialmente en el caso de la música clásica. Sus estrictas estructuras y normas crean el escenario perfecto para este tipo de humor. Los acertijos disparatados, los tempos vertiginosos, los tonos alegres y la sátira sutil son algunos de los elementos predominantes de la música cómica. Además, parte del humor musical surge de los arreglos y de los sonidos graciosos de los instrumentos utilizados. Según los expertos, los sonidos que suelen provocar sonrisas o risas son los que recuerdan a determinadas funciones corporales y los producidos por instrumentos de viento metal capaces de emitir notas increíblemente graves. Otra fuente de humor y entretenimiento reside en la versatilidad y el reconocimiento colectivo. Algunas piezas de culto son conocidas por personas de todo el mundo gracias a su frecuente aparición en anuncios de televisión y otros medios similares. Estas versiones derivadas de la obra original no siempre tienen que ser iguales: en algunas, la melodía y el ritmo se mantienen fieles a la pieza de base, mientras que la letra y el tema se modifican para adaptarlos al asunto tratado. El objetivo es crear una referencia divertida y grabarse en la mente del público a través del entretenimiento.
Sus efectos
Todos estos factores, considerados en conjunto, buscan despertar el sentido del humor de las personas y liberar sus corazones de las angustias provocadas por las incesantes dificultades de la vida cotidiana. Aunque la música no sea especialmente humorística en el sentido estricto del término, al menos debe dejar en los oyentes una sensación de plenitud y satisfacción. Esto nos lleva a la principal diferencia entre la música tradicional y aquella concebida específicamente para entretener: en esta última, las ideas filosóficas aparecen algo veladas en comparación con la primera. No obstante, la filosofía está presente, pero de una forma que nos invita a reflexionar mediante sonoras carcajadas y sutiles insinuaciones. Cuando el humorista se convierte en filósofo, se niega a tomarse demasiado en serio, y esa actitud se transmite al público.
En resumen
Cuando todos los órdenes de la sociedad se derrumban, la música es lo único que resurge como el ave fénix, y con razón. No podemos definir estrictamente una música como cómica al margen del contexto social en el que surge, pero a veces se introducen exageraciones deliberadas en las canciones o estas son tratadas por separado por otros artistas para hacer reír a la gente; en definitiva, todo está interrelacionado. Dejando todo lo demás a un lado, la música no rechaza la creatividad que la rodea para señalar explícitamente los cambios e imponérselos al ser humano, como hace la literatura, sino que busca equilibrar todos los componentes de la vida y sus estímulos para que confluyan en un placentero espacio de ocio y diversión.
Por último, pero no menos importante, no olvides…


